


[{"content":"","date":"15 de mayo de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/blog/","section":"Blogs","summary":"","title":"Blogs","type":"blog"},{"content":"","date":"15 de mayo de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/","section":"La última cruzada","summary":"","title":"La última cruzada","type":"page"},{"content":" J. R. R. Tolkien # El Señor de los Anillos. El Hobbit. El Silmarillion. Sir Gawain y el Caballero Verde. C. S. Lewis # Las Crónicas de Narnia. La Trilogía Cósmica. Mero Cristianismo. El Gran Divorcio. G. K. Chesterton # El hombre que fue jueves. El hombre eterno. El hombre vivo. El poeta y los lunáticos. La esfera y la cruz. F. M. Dostoievsky # Crimen y castigo. Demonios. Los Hermanos Karamázov. Memorias del subsuelo. Santo Tomás de Aquino # Suma Teológica. Suma Filosófica. Comentario a la Metafísica de Aristóteles. Comentario al Libro de Job. Miguel de Cervantes # Don Quijote de la Mancha. ","date":"15 de mayo de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/blog/blog/libros-recomendados/","section":"Blogs","summary":"","title":"Libros recomendados","type":"blog"},{"content":" J. R. R. Tolkien # The Lord of the Rings. The Hobbit. The Silmarillion. Sir Gawain and the Green Knight. C. S. Lewis # The Chronicles of Narnia. The Cosmic Trilogy. Mere Cristianism. The Great Divorce. G. K. Chesterton # The Man Who Was Thursday. The Everlasting Man. Manalive. The poet and the lunatics. The Sphere and the Cross. F. M. Dostoievsky # Crime and Punishment. Demons. The Brothers Karamázov. The Underground notes. Santo Tomás de Aquino # Summa Theologie. Summa Contra Gentiles. Commentary to Aristotle\u0026rsquo;s Metaphysics. Commentary to The Book of Job. Miguel de Cervantes # Don Quijote de la Mancha. ","date":"15 mayo 2026","externalUrl":null,"permalink":"/en/blog/blog/recommended-books/","section":"Blogs","summary":"","title":"Recommended books","type":"blog"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/categories/","section":"Categories","summary":"","title":"Categories","type":"categories"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/tags/crimen-y-castigo/","section":"Tags","summary":"","title":"Crimen Y Castigo","type":"tags"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/tags/dostoievski/","section":"Tags","summary":"","title":"Dostoievski","type":"tags"},{"content":" Descripción # En este episodio hablamos sobre los síntomas y el remedio a la enfermedad del hombre moderno. La soberbia, la ignorancia arrastran a la mente moderna hacia las más profundas oscuridades del ser, y tan solo el poder de la verdad puede salvarla. Acompáñanos en esta nueva batalla contra la locura del mundo moderno.\nEn este día en que celebramos a San Jorge, y durante este tiempo pascual, hacemos honor al Santo, combatiendo al dragón y los frutos de sus mentiras en esta última cruzada.\nCrimen y castigo: los síntomas y el remedio. Bibliografía: # Aquino, Tomás. Suma contra los Gentiles. Club de lectores, 1959.\nAquino, Tomás. Suma Teológica. Club de lectores, 1989.\nAquino, Tomás. Comentarios a la Metafísica de Aristóteles. Emmaus Academic, 2020.\nBerdiaev, Nikolay. El espíritu de Dostoyevski. Editorial Nuevo Inicio, 2008.\nDostoievski, Fiódor M. Crimen y castigo. Penguin Random House Grupo Editorial, 2023.\nDostoievski, Fiódor M. Diario de un escritor. Alba Editorial, 2021.\nSáen, Alfredo, S. J. El fin de los tiempos y siete autores modernos. Gladius, 2021.\nLeer transcripción Bienvenidos a La Última Cruzada. En este episodio hablaremos sobre los síntomas y el remedio a la enfermedad del hombre moderno cuyas causas habíamos descrito en el episodio anterior, y encontramos en la obra de Fiódor Dostoievski: «Crimen y castigo».\nComencemos.\nBienvenidos una vez más a La Última Cruzada. Soy su anfitrión Syme y antes de comenzar con el episodio, quiero tomarme un momento para agradecer a todos aquellos oyentes por escuchar este podcast.\nEn el episodio anterior hablamos sobre las causas de la enfermedad del hombre moderno; para Dostoievski dichas causas las encontramos en las ideas modernas que enloquecen al hombre.\nY por lo tanto, la locura es el efecto causado en el hombre moderno por las ideas ya mencionadas; el síntoma de su enfermedad. Pero nos estamos adelantando.\nAntes de hablar sobre la locura, queremos hablar sobre los que consideramos otros síntomas que aparecen en la obra; el primero de ellos es el orgullo o soberbia.\nY éste podemos verlo plasmado a lo largo de la obra múltiples veces, lo cual sugiere que el autor realmente cree necesario mencionarlo como característica que define a Rodia.\nEl mismo Raskolnikov, al hablar con Sonia admite que es un hombre orgulloso y propenso a la locura.\n[\u0026hellip;] Lo que sucede es que soy orgulloso, envidioso, perverso, vil, rencoroso y\u0026hellip;, para decirlo todo ya que he comenzado\u0026hellip;, propenso a la locura.\nEn esta cita que compartiremos sobre el orgullo de Raskolnikov, Sonia nos da una pista acerca de cual podría ser el remedio a la enfermedad:\nPor otra parte, sabía que Rodia tenía un orgullo desmedido y carecía de sentimientos religiosos.\nSobre esto último hablaremos más adelante, sobre esa carencia de sentimientos religiosos, cuya causa podemos rastrear hasta la ideas modernas ya nombradas.\nY para concluir con este síntoma del orgullo o soberbia, queremos compartir este párrafo que aparece en el capítulo IV de la primera parte:\nHay que advertir que Raskolnikov, cuando estudiaba, vivía aparte de los demás alumnos, aislado, sin ir a casa de ninguno de ellos ni admitir sus visitas. Sus compañeros le habían vuelto pronto la espalda. No tomaba parte en las reuniones, en las polémicas ni en las diversiones de sus condiscípulos. Estudiaba con un ahínco, con un ardor que le había atraído la admiración de todos, pero ninguno le tenía afecto. Era pobre en extremo, orgulloso, altivo, y vivía encerrado en si mismo como si guardara un secreto. Algunos de sus compañeros juzgaban que los consideraba como niños a los que superaba en cultura y conocimientos y cuyas ideas e intereses eran muy inferiores a los suyos.\nAl final de esta cita podemos ver como el autor desde el comienzo de la obra, describe a Rodia considerándose superior a sus compañeros.\nY ésta es la definición de soberbia. En la Suma Teológica, secunda secundae, cuestión CLXII (162), «De la soberbia», artículo I, «De si la soberbia es pecado», Santo Tomás responde: «Debe decirse, que la soberbia trae su nombre de que alguno pretende elevarse voluntariamente más de lo que él es [\u0026hellip;]». Y continúa diciendo:\nDebe decirse, que la soberbia se opone a la humildad, y ésta se refiere propiamente a la sumisión del hombre a Dios, como se ha dicho (C. 161, a.1, al 5°); luego, por el contrario, la soberbia consiste propiamente en la falta de esta sujeción, en cuanto que alguno se engríe sobre lo que le está prefijado, conforme a la divina regla o medida, y por esto se dice (Eccli. 10, 14) que el principio de la soberbia del hombre es apostatar de Dios, esto es, porque se considera la raíz de la soberbia en que el hombre no se somete en algún modo a Dios y a su regla.\nNada mejor describe el ánimo general de Raskolnikov que la soberbia. En estas últimas palabras, podemos entender como la apostasía de Dios, es decir, la soberbia, parecería constituir la raíz del problema, la causa de la enfermedad.\nY como veremos en la conclusión de este episodio, esto no es así, por eso hablamos de la soberbia como síntoma y no causa de la enfermedad.\nA causa de la soberbia, arribamos al que consideramos el segundo síntoma: Raskolnikov tan solo puede pensar en sí mismo y en nadie más.\nPara mí solo — [\u0026hellip;] No fue por ayudar a mi madre por lo que maté… ¡Absurdo! No maté tampoco para, contando ya con medios y poder, erigirme en bienhechor de la Humanidad. ¡Absurdo! Sencillamente, maté; para mí maté, para mí solo [\u0026hellip;]. Y tampoco necesitaba dinero, ni era eso lo principal, Sonia; cuando maté, no necesitaba tanto dinero como otra cosa… [\u0026hellip;] Yo necesitaba conocer otra cosa, otra cosa empujaba mi brazo: yo necesitaba saber entonces, y saberlo cuanto antes, si yo era también un piojo, como todos, o un hombre. ¿Estaba facultado para transgredir la ley o no lo estaba? ¿Era osado a traspasar los límites y aprehender o no? ¿Era yo una criatura que tiembla, o tenía derecho?\nEn esta cita podemos ver como Raskolnikov parece no importarle otra persona más que él mismo. No cometió el crimen para ayudar a su madre u otros, sino porque necesitaba saber si era un hombre extraordinario o tan solo uno mas del rebaño, si «estaba facultado para trasgredir la ley», para «traspasar los límites».\nEsto es a lo que se refiere Santo Tomás con «no se somete en algún modo a Dios y su regla». Y con «transgredir la ley» y «traspasar los límites», el autor está refiriéndose a esa regla.\nPor eso, el aquinate dice que «la soberbia consiste en esa falta de sujeción». Aquí encontramos un claro ejemplo de esa pretensión de elevarse más de lo que él es, transgrediendo la ley, traspasando los límites. Dicho de otro modo, esa ley, esos límites son la regla.\nAhora bien, llegamos al último síntoma que queríamos comentar: la locura. Opinamos que dicha locura nace de una lucha en lo profundo del alma del protagonista y de la cual hablaremos en la segunda parte del podcast.\nLocura El crimen no podía haberse cometido de otro modo que en un estado pasajero de locura, por decirlo así, bajo la acción de una morbosa monomanía de homicidio y robo, sin ulteriores miras ni cálculos de lucro. [\u0026hellip;] Además, el reciente estado de hipocondría de Raskólnikov lo atestiguaron terminantemente muchos testigos, el doctor Zosímov, sus antiguos camaradas, la patrona, la criada. Todo esto contribuyó grandemente a la conclusión de que Raskólnikov no tenía la más remota semejanza con un asesino, bandido o ladrón vulgar, sino que había que ver en él otra cosa distinta. Con grandísima contrariedad por parte de los que sostenían esta tesis, el mismo criminal casi no hacía nada por defenderse, sino que a las preguntas terminantes: «¿Qué cosa concretamente podía haberlo inclinado al homicidio y qué fue lo que le indujo a cometer el robo?», respondió, con toda claridad y con la más brutal decisión, que la causa de todo había sido su enojosísima situación, su miseria y desamparo, el deseo de iniciar sus primeros pasos en la vida con ayuda, por lo menos, de tres mil rublos, que esperaba encontrar en casa de la interfecta. [\u0026hellip;] A la pregunta de por qué se había sentido impulsado a delatarse, contestó francamente que por una sincera contrición. Todo esto resultaba casi brutal…\nEn esta cita que aparece en el epílogo de la obra, podemos ver como Raskolnikov es diagnosticado como habiendo sufrido un ataque de locura pasajera, porque de otra manera no es posible entender: «¿Qué cosa concretamente podía haberlo inclinado al homicidio y qué fue lo que le indujo a cometer el robo?».\nEn resumen, los síntomas de la enfermedad que padece Raskolnikov son: 1) el apetito desordenado de excelencia, en otra palabras, es soberbio, y como consecuencia de esto, 2) tan solo puede pensar en sí mismo, y 3) está volviéndose loco a causa de ésto.\nToda la obra apunta hacia la causa de dicha enfermedad, es decir, la locura que padece el hombre moderno. Y ya vimos que la causa de dicha locura son las ideas modernas que son contagiadas como virus, y cuyos síntomas ya hemos descrito.\nHasta ahora tan solo hemos mencionado los síntomas de la enfermedad, y al comienzo de este episodio nos propusimos hablar también sobre el remedio y eso es lo que haremos en esta segunda parte.\nDicho remedio lo encontramos en la obra de dos modos: el primero en los nombres de Raskolnikov y Sonia; y el segundo en el sueño del protagonista una vez que éste se halla en prisión, cumpliendo su sentencia, en el epílogo de la obra.\nCon respecto a lo primero, podemos decir que la raíz del nombre Raskolnikov es «raskol» y significa cisma, división en ruso. Y éste nombre describe perfectamente al protagonista.\nEs un hombre dividido entre el bien y el mal, y eso está volviéndolo loco; esto es a lo que habíamos aludido en la primera parte cuando hablamos de la locura como lucha en el alma de Rodia.\nSi hubiera cedido por completo ante la influencia de las ideas modernas, no hallaríamos conflicto alguno en él. Pero aún no estaba poseído plenamente por éstas, y de ahí su lucha consigo mismo.\nEsto lo podemos ver claramente en el epílogo, donde encontramos evidencia para apoyar la teoría de que Rodia poseía un corazón noble, aunque turbado.\nEs un buen hombre Se aclararon, además, otras circunstancias completamente inesperadas que favorecían mucho al procesado. El exestudiante Razumijin fue a buscar, ¿quién sabe adónde?, testimonios, y adujo pruebas de que el delincuente Raskólnikov, en el tiempo que estuvo en la universidad, ayudó a sus expensas a un condiscípulo pobre y tísico, manteniéndole poco menos que del todo por espacio de medio año. Luego que aquel murió, fue a buscar al padre, que vivía, pero era viejo y estaba impedido, del compañero muerto (el que había estado sosteniéndolo y manteniéndolo con su trabajo casi desde los trece años), recabó y obtuvo su ingreso en un hospital, y, al morir, le costeó el entierro. Todos estos testimonios ejercieron su parte de influencia en la decisión de los magistrados. Hasta su patrona, la madre de la difunta prometida de Raskólnikov, la viuda Zarnitsina, atestiguó también que cuando vivían en la otra casa, en las Cinco Esquinas, Raskólnikov, con ocasión de un incendio, de noche, extrajo de un piso, ya chamuscados, a dos niños pequeñitos, sufriendo él también quemaduras. Este hecho fue comprobado, y de él dieron fe cumplida numerosos testigos.\nOpinamos que el autor no se hubiera tomado la molestia en mencionar a Raskolnikov asistiendo a ese compañero enfermo y su padre, y también pagando por el entierro de éste, o a esos niños que salvó de un incendio, a menos que fuera su intención dejar en claro que Rodia poseía un gran corazón.\n¿Por qué era necesario mencionar estos actos del protagonista en este preciso momento de la historia? Porque era necesario mostrarnos que Rodia era un joven enfermo y no un criminal.\nUna vez que Rodia es enviado a la prisión para cumplir con su sentencia, los demás presos tenían ésto para decir acerca de él:\n[…] Igualmente se mofaban de su crimen condenados que habían cometido otros crímenes más graves.\n—Tú eres un señorito —le decían—. Eso de asesinar a hachazos no se ha hecho para ti.\n—No son cosas para la gente bien.\nPor eso dice, no son cosas para la gente bien. Significa que Raskolnikov era una persona que no tenía ninguna razón para haber cometido el asesinato, ya que era «gente bien».\nDe ahí que el asesinato haya resultado incomprensible para todos, incluso a los presos y no tan solo a la justicia; es incomprensible a menos que realmente estuviera enfermo.\nÉste es el punto de la obra: mostrarnos las consecuencias de una mente retorcida por la influencia de las ideas modernas.\nFueron esas ideas las que lo arrastraron e hicieron que cayera. Y si bien dijimos una y otra vez que eran las ideas modernas las causas de la enfermedad, podríamos decir de éstas que son más bien causas secundarias.\nLa causa principal de la enfermedad de Rodia es la ignorancia, no la soberbia como dijimos en la primera parte. Y a medida que nos aproximemos a la conclusión de este episodio, se volverá más evidente porqué decimos esto. Pero ¿qué es lo que Raskolnikov ignoraba? El nombre de Sonia encierra la respuesta a dicha pregunta.\nAdemás, responde a la pregunta que prometimos responder en el primer capítulo de este podcast y que el oyente seguro recordará: ¿Qué es la filosofía?\nEl nombre de Sonia es diminutivo de Sofía. Y «sofía» en griego significa sabiduría. Si pensamos en Sonia por tan solo un instante, ciertamente lo primero que pensamos acerca de ella es que no es una persona muy instruida.\nSi así lo fuese, quizás hubiese procurado otros medios para cuidar de su familia como lo hizo la hermana de Rodia.\nEn la obra, tan solo puede leer con algo de dificultad, y ésto quizás se deba más a los nervios causados por la presencia de Raskolnikov que a su escasa instrucción.\nA pesar de esa pobre educación, podemos decir que Sonia poseía algo de sabiduría. Con esto no queremos decir que Sonia era una experta en teología o filosofía, ni nada parecido, sino que había algo que conocía y que Raskolnikov, por el contrario, ignoraba: la Verdad.\nEn efecto, la sabiduría es la ciencia de la verdad. En la Summa Contra Gentiles, I, cáp. I, Santo Tomás dice:\nFilosofía primera es la ciencia de la verdad [\u0026hellip;] Pero aun el Filósofo (Metaf. II, text. com. 3) determina que la Filosofía primera es la ciencia de la verdad; no de cualquier verdad, sino de aquella que es el origen de toda verdad, es decir, aquella que se refiere al primer principio del ser de todas las cosas; de donde se sigue que también la verdad de la filosofía es el principio de toda verdad (Metaf. II, text. com. 4). Pues la disposicion de las cosas en la verdad es la misma que en el ser 1.\nPara entender mejor la cita del aquinate, creemos oportuno mencionar su comentario al libro 1 de la Metafísica, lección 1, en el cual dice: «la ciencia llamada sabiduría trata de las primeras causas y principios de todas las cosas».\nY en su comentario al libro 2 de la Metafísica, lección 2, dice: «la filosofía primera considera las primeras causas, de ahí se sigue, […] que la filosofía considera esas cosas que son verdaderas en grado sumo».\nSanto Tomás quiere decirnos que esas primeras causas o principios de todas las cosas, son también el principio de toda verdad. Y aquí es necesario precisar que entendemos por el término «primeras causas».\nLa primera causa o principio de todas las cosas es Dios. De ahí que la sabiduría, es decir, la ciencia de la verdad, sea ciencia de Dios. Por eso, Aristóteles también la llamaba teología o filosofía primera porque trata de la primeras causas o principios de todas las cosas.\nAlgo que queremos destacar con respecto a Sonia es su humildad, esto es, su sumisión a Dios. Ésta es la razón por la cual posee sabiduría. A diferencia de Raskolnikov, el cual a causa de su soberbia, no logra su intelecto alcanzar tal excelentísima verdad.\nRecordemos lo dicho por Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de San Lucas 10, 21:\nYo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños […]».\nEjemplos de la sabiduría de Sonia, podemos encontrar en la siguiente cita:\n—¡Calle, calle! —exclamó Sonia fuera de sí—. Usted se ha apartado de Dios, y Dios le ha castigado, lo ha entregado al demonio.\n—Así, Sonia, ¿tú crees que cuando todas estas ideas acudían a mí en la oscuridad de mi habitación era que el diablo me tentaba?\n—¡Calle, ateo! No se burle\u0026hellip; ¡Señor, Señor! No comprende nada\u0026hellip;\nCiertamente, Raskolnikov no comprendía nada. No considera a la vieja usurera como una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios:\n—Al fin y al cabo, Sonia, yo no he dado muerte más que a un vil y malvado gusano.\n—Ese gusano era una criatura humana.\nEn esto consiste la sabiduría de Sonia, no en ciencia de Dios en un grado máximo, sino en estas verdades que Rodia parecía haber olvidado, o ignorado.\nCon esto damos por cumplida la promesa que habíamos hecho en el primer episodio de este podcast, y habiendo contestado a la pregunta, ahora queremos recordar algo que también fue dicho en el episodio anterior, que Nietzsche probablemente diría que la Verdad es «Dios sin rostro».\nTraemos esto a colación para mostrar que tanto Santo Tomás como Dostoievsky y Nietzsche, entendían perfectísimamente la relación entre Verdad y Dios: ambos se identifican.\nDostoievsky creía tan firmemente en la verdad de Dios que ni por un momento pensó en ésta como un sueño; el personaje de esta historia fruto de su imaginación, sin embargo, soñó con la Verdad.\nPor esto decimos que el otro modo en que Dostoievsky alude al remedio de la enfermedad, es el sueño que tiene Raskolnikov mientras cumple su sentencia hacia el final de la obra.\nEn dicho sueño, la intención del autor es mostrarnos las consecuencias de ignorar o rechazar la Verdad. Describe así, la crisis por la cual estaba pasando Occidente hacia fines del siglo XIX, crisis en la cual aún nos encontramos.\nSueño: Verdad Él permaneció en el hospital todo el final de la Cuaresma y la semana de Pasión. Ya restablecido, recordó sus sueños, cuando aún tenía calentura y delirio. Soñó, en su enfermedad, que el mundo todo estaba condenado a ser víctima de una terrible, inaudita y nunca vista plaga que, procedente de las profundidades de Asia, caería sobre Europa. Todos tendrían que perecer, excepto unos cuantos, muy pocos, escogidos. Había surgido una nueva triquina, ser microscópico que se introducía en el cuerpo de las personas. Pero esos parásitos eran espíritus dotados de inteligencia y voluntad. Las personas que los cogían se volvían inmediatamente locas. Pero nunca, nunca se consideraron los hombres tan inteligentes e inquebrantables en la verdad como se consideraban estos atacados. Jamás se consideraron más infalibles en sus dogmas, en sus conclusiones científicas, en sus convicciones y creencias morales. Aldeas enteras, ciudades y pueblos enteros se contagiaron y enloquecieron. Todos estaban alarmados, y no se entendían los unos a los otros; todos pensaban que solo en ellos se cifraba la verdad, y sufrían al ver a los otros y se aporreaban los pechos, lloraban y dejaban caer los brazos. No sabían a quién ni cómo juzgar; no podían ponerse de acuerdo sobre lo que fuere bueno y lo que fuese malo. No sabían a quién inculpar ni a quién justificar. Los hombres se agredían mutuamente, movidos de un odio insensato. Se armaban unos contra otros en ejércitos enteros; pero los ejércitos, ya en marcha, empezaban de pronto a destrozarse ellos mismos, rompían filas, se lanzaban unos guerreros contra otros, se mordían y se comían entre sí. En las ciudades, todo el día se lo pasaban tocando a rebato; los llamaban a todos; pero quién ni para qué los llamasen, ninguno lo sabía y todos andaban asustados. Abandonaron los más vulgares oficios, porque cada cual preconizaba su idea, sus métodos, y no podían llegar a una inteligencia; quedó abandonada también la agricultura. En algunos sitios los hombres se reunían en pandillas, convenían algún acuerdo y juraban no desavenirse… Pero inmediatamente empezaban a hacer otra cosa totalmente distinta de lo que acababan de acordar, se ponían a culparse mutuamente, reñían y se degollaban. Sobrevinieron incendios, sobrevino el hambre. Todo y todos se perdieron. La peste aquella iba en aumento, y cada vez avanzaba más. Salvarse en el mundo entero consiguiéronlo únicamente algunos hombres, que eran puros y elegidos, destinados a dar principio a un nuevo linaje humano y a una nueva vida, a renovar y purificar la tierra, pero nadie ni en ninguna parte veía a aquellos seres, nadie oía su palabra y su voz.\nAquí el autor nos muestra las consecuencias de haber rechazado la Verdad. Y esto lo hace señalando, primero que las personas infectadas por esos virus o parásitos: «se volvían inmediatamente locas»; segundo que «no sabían a quién ni cómo juzgar»; y tercero «no podían ponerse de acuerdo sobre lo que fuere bueno y lo que fuese malo».\nCon respecto a lo primero, podemos decir que esa locura consiste en lo anteriormente dicho. Acerca de lo segundo, hallamos su causa en lo tercero. Y sobre éste último, no podían ponerse de acuerdo porque no había una regla o medida sobre «lo que fuere bueno y lo que fuese malo» a la cual someterse, y por consiguiente, «no sabían a quién ni cómo juzgar».\nDe ahí la conclusión a la cual arriba Raskolnikov:\nEs la ley humana. La ley, Sonia, y nada más. Y ahora sé que quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres; que el más osado es el que más razón tiene a los ojos ajenos; que quien desafía a los hombres y los desprecia conquista su respeto y llega a ser su legislador. Esto es lo que siempre se ha visto y lo que siempre se verá. Hay que estar ciego para no advertirlo.\n«[…] Y llega a ser su legislador». Ésto es lo que busca Raskolnikov. Ya que no hay ley, ni regla, ni medida, tan solo «quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres». Pero la teoría de Raskolnikov contiene un gran error.\nNosotros sostenemos que lo aludido por el autor aquí, es que el hombre moderno ha olvidado a Dios. Y este olvido, ha sido un ambiente más que propicio para la proliferación de esos virus: las ideas modernas, que terminan enloqueciéndolo y acabando con él.\nRecordemos eso que dijimos sobre el principio de la soberbia del hombre: la apostasía de Dios.\nTanto el utilitarismo, como el nihilismo, al igual que las otras ideas modernas mencionadas por el autor en la obra, tienen algo en común. Y ese algo en común es que estas filosofías parten del supuesto que Dios no existe.\nPero, ¿Dios existe? En nuestra opinión, toda la historia de Raskolnikov gira en torno a esta cuestión, y la novela no solo nos muestra qué sucede con un hombre que pone en práctica dichas ideas, sino algo aún más importante: la novela consiste en la demostración de la existencia de Dios.\nSi es que podemos demostrar la existencia de Dios, al menos, filosóficamente hablando, hemos demostrado el error y por lo tanto, la falsedad de las ideas modernas.\nEn la Summa Contra Gentiles, III, cáp. 71, «Que la providencia divina no excluye totalmente de las cosas el mal», Santo Tomás dice:\nDemostración Además: Las otras cosas, y principalmente las inferiores, se ordenan al bien del hombre como a su fin. Mas si no hubiese males ningunos en las cosas, se disminuiría mucho del bien del hombre, así en cuanto al conocimiento como en cuanto al deseo y amor del bien; pues el bien, por la comparación con el mal, es mejor conocido y, cuando se perpetran algunos males, más ardientemente deseamos los bienes; como los enfermos conocen más que nadie cuán grande bien es la salud, y también se enardecen en el deseo de ella más que los sanos. No es propio, pues, de la divina providencia el excluir totalmente de las cosas los males.\nY por esto se excluye el error de algunos que, porque veían que sobrevenían males en el mundo, decían que no había Dios; como Boecio trae a cierto filósofo que pregunta: Si hay Dios, ¿por qué los males? Habría que argumentar al contrario: Si existe el mal, hay Dios. Pues no sería mal si se quitase el orden del bien, cuya privación es el mal; y este orden no existiría si no existiese Dios.\nEl silogismo es muy sencillo: Si existe el mal, el bien existe. Y si existe el bien, Dios existe. Luego, si existe el mal, hay Dios.\nPero todo el problema yacía en la retorcida mente de Raskolnikov en la cual el asesinato y el robo no constituían un mal.\nSobre ésta cita queremos destacar dos cosas en relación al bien: la primera, conocemos mejor el bien, comparándolo con el mal; y la segunda, la existencia del orden del bien depende de la existencia de Dios.\nEn relación a la primera, la obra nos muestra la existencia del bien, comparándolo con el mal, y concluyendo así, que si el mal existe, hay Dios.\nY continúa diciendo: «cuando se perpetran algunos males, más ardientemente deseamos los bienes». ¿Cuál era el bien que más deseaba Raskolnikov?\nAnte todo, quiero vivir. Si no sintiese este deseo, sería preferible no tener vida.\nY más abajo dice:\nTengo un tiempo determinado de vida y quiero también\u0026hellip;\nPor el contexto, entendemos que lo que quiere Raskolnikov es la felicidad:\nSin embargo, sólo se vive una vez, y yo no quiero esperar esa felicidad universal.\nDice a propósito de esa felicidad que buscaban construir los socialistas. Y por lo tanto, entendemos que buscaba su propia felicidad, no la universal.\nAl final de la obra, Rodia desea más ardientemente vivir y ser feliz, y no morir debido al mal que ha perpetrado. Y habiendo reconocido el mal que ha hecho, entiende que existe un bien.\nEn resumen, queremos decir que el remedio para la enfermedad espiritual diagnosticada por Dostoievsky para el hombre moderno, es Dios.\nEn la obra, el autor nos muestra un hombre infectado por las ideas modernas, que enferma, enloquece y comete un asesinato. Y es el remordimiento de conciencia el signo de que aún no está plenamente poseído por dichas ideas.\nEn el momento en que reconoce que cometió un asesinato, al mismo tiempo reconoce la existencia del bien. De otro modo, hubiera sido imposible reconocer el asesinato como mal.\nY en este sencillo paso, nada sencillo para Raskolnikov por cierto, demuestra Dostoievsky la existencia de Dios.\nUn último punto antes de terminar con el episodio. Nosotros opinamos que el personaje de Sonia es instrumental en la salvación de Rodia.\nDostoievsky describe a Sonia de la siguiente manera en boca de Raskolnikov:\n«Pero ¿y si fuere cierto —murmuró para sí—; si incluso esta criatura, que todavía conserva su pureza de alma, se lanzase conscientemente a esa terrible hedionda cloaca? ¿Y si ya hubiere empezado esa caída, si únicamente hubiera ella podido aguantar, hasta ahora, esta vida, porque el vicio no le pareciese tan repugnante? ¡No, no; eso no puede ser! —exclamaba él como poco antes Sonia—. No; del canal le ha apartado hasta ahora la idea del pecado y también por ellos… Si hasta ahora no perdió tampoco la razón… Pero ¿quién ha dicho que no haya perdido ya la razón? [\u0026hellip;] ¿Qué milagro es el que aguarda? Seguramente alguno. ¿Y no son todos estos otros tantos indicios de locura?».\nEn otro lugar, dice también:\nSin embargo, vio claramente que Sonia, por su educación y su carácter, no podía permanecer indefinidamente en semejante situación. También se preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo sin volverse loca. […] Pero ¿no era esto una razón más, unida a su educación y a su pasado, para que su primer paso en aquel horrible camino la hubiera llevado a la muerte? ¿Qué era lo que la sostenía? No el vicio, pues toda aquella ignominia sólo había manchado su cuerpo: ni la menor sombra de ella había llegado a su corazón. Esto se veía perfectamente; se leía en su rostro.\nNosotros creemos que la razón por la que Dostoievsky describe a Sonia de esta manera y señala la pureza de su alma es para mostrarnos que tan solo un alma pura puede amar de verdad.\nAdemás, es cierto que «que los hombres no cambian, ni hay quien pueda cambiarlos», y es por esto justamente que el autor señala la pureza del alma de Sonia. Si bien, ella ama a Raskolnikov, no es su amor el que pudo cambiarlo.\nElla tan solo actúa como «causa instrumental» de un amor cuyo poder no solo puede redimir al hombre, sino también resucitar a los muertos: el amor de Cristo.\nSonia actúa como un espejo en el cual es reflejado el amor de Cristo por el hombre, y ésto es lo que realmente opera en el alma de Raskolnikov, y logra resucitar su espíritu.\nSin embargo, aún queda mucho camino por recorrer, ya que la salvación de su alma es alcanzada tan solo por medio del sufrimiento, un sufrimiento aceptado voluntariamente y que toma la forma de sacrificio.\nEs digno de notar que la resurrección de Lázaro es un tema recurrente en la obra y que Rodia tiene ese sueño sobre la Verdad durante la Cuaresma y más específicamente en Semana Santa.\nAdemás, el día en el que acepta que ha cometido un crimen, que ha transgredido la ley es durante la segunda semana de Pascua.\nEl alma de Rodia experimenta una resurrección en el momento en que es vencida por el amor de Cristo, reconoce el mal que ha cometido y se arrepiente. El soberbio Raskolnikov, finalmente se somete a la regla o medida divina; por fin se humilla y pide perdón.\nLo que queremos dejar en claro es que el autor no está hablando metafóricamente, sino que la obra es un esfuerzo real por mostrarnos el error y las consecuencias del error del hombre moderno, y la verdad –que Dios existe–, y el único que puede curar al hombre es Cristo.\nPor esto es que menciona la resurrección de Lázaro, la Cuaresma y la Pascua. En el sentido usado por el autor, Rodia, ciertamente no resucita de entre los muertos (para eso debería haber muerto).\nDostoievsky habla de una resurrección del espíritu, sin embargo alude a que dicha resurrección es alcanzada en virtud del poder de Cristo y no es una cuestión meramente psicológica o humana. Es enteramente sobrenatural.\nEn aquellos rostros ajados brillaba el alba de una nueva vida, la aurora de una resurrección. El amor los resucitaba.\nAquí, tan solo queremos señalar que el autor decide aludir al amor de Cristo cuando dice el amor, y por eso no dice su amor. Significando, así, que no es el amor de ambos el que les da nueva vida, sino el amor de Cristo el que los resucita.\nLa relación entre Sonia y Raskolnikov es la solución al problema del hombre moderno. El autor hace alusión a la solución o remedio, mostrándonos que el amor de Raskolnikov a Sonia puede y debe interpretarse también como el amor del hombre a la Verdad.\nPor eso decíamos anteriormente que la ignorancia es la raíz del problema, y no la soberbia. El hombre moderno no ama a la verdad porque, sencillamente, la ignora. Y uno no puede amar, lo que no conoce.\nEl remedio, entonces, es conocer la verdad y sobre todo, amarla. Nuestra misión es esa: c omunicar la Verdad, en la medida de lo posible y considerando el límite de nuestras propias fuerzas, en esta última cruzada.\nAquí, no solo encontramos la solución al problema, sino también mostramos en qué consiste la filosofía, en vez de dar una definición de ésta (aunque también hemos cumplido con ésto).\nY así hemos llegado al final de este episodio. Quiero agradecer nuevamente, a todos aquellos oyentes que se han tomado el tiempo de escuchar hasta el final este episodio.\nPor cierto, queremos saber que es lo que más les ha interesado, o que es lo que más impresión ha dejado en ustedes, la obra «Crimen y castigo». Pueden dejar sus comentarios más abajo. Hasta el próximo episodio donde hablaremos sobre Demonios, otra obra maestra de Dostoievsky.\nSoy su anfitrión Syme y esto fue «La Última Cruzada».\nAristóteles llama Filosofía Primera a la doctrina que reúne en los libros que ahora conocemos con el nombre de Metafísica. En esos libros trata del Primer Principio estudiando el ser en cuanto ser o el ser en general y sus primeras divisiones (los que ahora llaman los escolásticos Ontología o Metafísica General), y del Primer Principio del Movimiento o Primer Motor, es decir, de Dios. A esta Primera Filosofía la llama también teología (por tratar de Dios) y «sabiduría». [\u0026hellip;]\u0026#160;\u0026#x21a9;\u0026#xfe0e;\n","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/podcast/ep3/","section":"Podcast","summary":"Encontramos el remedio para la enfermedad.","title":"Episodio 3 | Crimen y castigo: los síntomas y el remedio.","type":"podcast"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/categories/podcast/","section":"Categories","summary":"","title":"Podcast","type":"categories"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/podcast/","section":"Podcast","summary":"","title":"Podcast","type":"podcast"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/tags/podcast/","section":"Tags","summary":"","title":"Podcast","type":"tags"},{"content":"","date":"23 de abril de 2026","externalUrl":null,"permalink":"/es/tags/","section":"Tags","summary":"","title":"Tags","type":"tags"},{"content":" Descripción # Bienvenidos a una vez más a La Última Cruzada. En este episodio, hablaremos sobre una de las obras más famosas del autor ruso Fiódor Dostoievski: «Crimen y castigo». Es una novela que narra la historia de Raskolnikov, un joven estudiante de derecho que comete un crimen. Investigaremos las causas de dicho crimen y lo que yace detrás de este.\nAcompáñanos en este viaje por las profundidades del espíritu humano de la mano del este gran «pneumatólogo».\nCrimen y castigo: una enfermedad Bibliografía: # Crimen y castigo. Fiódor M. Dostoievski. Traducción de Rafael Cansinos Assens. Penguin Random House Grupo Editorial. 2023.\nDiario de un escritor. Fiódor M. Dostoievski. Traducción de Víctor Gallego Ballestero. Alba Editorial. 2021\nSocrates\u0026rsquo; Children. Peter Kreeft. Volumen IV: Contemporary Philosophers. Word on Fire Institute. 2023.\nA History of Philosophy. Volume 7. 18th and 19th century german philosophy. Frederick Copleston. Bloomsbury Publishing. 2003.\nCréditos: # pub-reverb.wav by Erdie \u0026ndash; https://freesound.org/s/165612/ \u0026ndash; License: Attribution 4.0 Hide Leer transcripción Bienvenidos a La Última Cruzada. En este episodio, hablaremos sobre una de las obras más famosas del autor ruso Fiódor Dostoyevski: «Crimen y castigo». Es una novela que narra la historia de Raskolnikov, un joven estudiante de derecho que transgrede la ley, pero no cualquier ley. Según el autor, esto es un síntoma de una enfermedad espiritual de cuyas causas hablaremos en este episodio.\nComencemos.\nBienvenidos una vez más a La Última Cruzada, donde combatimos las locuras del mundo moderno. Soy su anfitrión Syme y en este episodio hablaremos sobre dos de esas locuras.\nAntes de comenzar, quiero decir que doy por supuesto que los oyentes ya han leído la obra mencionada. Aquí tan solo hablaremos sobre dos ideas modernas en particular y sus consecuencias en dicha obra.\nComo habíamos dicho en el episodio anterior y al comienzo de este, Dostoievsky afirma que el hombre moderno está enfermo espiritualmente hablando y las causas de dicha enfermedad son las ideas modernas.\nEn la obra, el autor menciona cuatro ideas modernas que sostiene son las causas de la enfermedad, a saber: 1) el liberalismo, 2) el utilitarismo, 3) el socialismo y 4) el nihilismo.\nHablaremos solamente del utilitarismo y del nihilismo, ya que son las dos ideas que ejercen mayor influencia en el protagonista de la obra y cuyas últimas consecuencias el autor nos muestra.\nComencemos con el utilitarismo. ¿Qué es el utilitarismo? Para contestar a la pregunta, dejemos que el mismo autor nos lo cuente:\nUtilitarismo Yo, a esa condenada vieja la mataría y la robaría, y te juro que sin el menor remordimiento de conciencia —añadió con ardor el estudiante. El oficial tornó a reírse; pero Raskólnikov dio un respingo. ¡Qué extraño era todo aquello! —Permíteme que te haga una pregunta en serio —dijo, con alguna exaltación, el estudiante—. Yo, naturalmente, hace un momento, hablaba en broma; pero mira; de un lado, una vieja estúpida, imbécil, inútil, mala, enferma, que a nadie le sirve de provecho, sino que, por el contrario, a todos perjudica; que ella misma no sabe para qué vive y que mañana acabará por morirse ella sola… ¿Comprendes? ¿Comprendes? —Sí, comprendo —respondió el oficial mirando atentamente a su acalorado compañero. —Pues sigue escuchando. De otro lado, energías juveniles, frescas, que se rinden en vano, sin apoyo, y esto a miles, y esto en todas partes. Mil obras e iniciativas buenas que se podrían hacer y perfeccionar con los dineros que esa vieja lega al monasterio. Cientos, miles quizá de existencias acarreadas al buen camino; decenas de familias salvadas de la miseria, de la disolución, de la ruina, de la corrupción, de los hospitales venéreos… Y todo eso, con sus dineros. Mátala, quítale esos dineros; para con ellos consagrarte después al servicio de la Humanidad toda y al bien general. ¿Qué te parece? ¿No quedaría borrado un solo crimen, insignificante, con millares de buenas acciones?… ¡Por una vida…, mil vidas salvadas de la miseria y la ruina! Una muerte, y cien vidas, en cambio… Es una cuestión de aritmética. ¿Ni qué pesa tampoco en las balanzas comunes de la vida esa viejuca tísica, estúpida y mala? No más que la vida de un piojo, de una cucaracha, y puede que aún menos, puesto que se trata de una vieja dañina. Ella se alimenta de la vida ajena, es mala; no hace mucho que, de rabia, le mordió un dedo a Lizaveta; por poco si se lo arranca de cuajo. —Sin duda que no merece vivir —observó el oficial—; pero esa es la Naturaleza. —¡Ah, hermano, sí; pero a la Naturaleza se la mejora y se la encauza, sin lo cual naufragaríamos en prejuicios! Sin eso no habría nacido ni un solo hombre grande. Dicen: «¡El deber, la conciencia!». Yo no quiero decir nada contra el deber y la conciencia…; pero ¡hay que ver cómo los entendemos! Espera, que voy a hacerte otra pregunta. Oye. —No; aguarda tú, que soy yo quien va a preguntarte. Escucha. —Bueno. —Tú, hasta ahora, hablas y discurseas; pero dime: ¿matarías tú mismo a la vieja o no? —¡Naturalmente que no!… Yo, en justicia… Pero eso no es cosa mía… —Pues, a mi juicio, si tú mismo no te decides, no se trata aquí para nada de justicia. ¡Anda, vamos a echar otra partidilla!\n—Crimen y Castigo, Primera parte, capítulo VI.\nEn esta cita, Raskolnikov, el protagonista de la obra, está en una taberna y escucha la conversación que un joven estudiante mantiene con un oficial.\nAquí podemos ver claramente la idea moderna de «utilitarismo» y sus últimas consecuencias.\n¡Por una vida\u0026hellip;, mil salvadas de la miseria y la ruina! Una muerte y cien vidas, en cambio\u0026hellip; Es una cuestión de aritmética.\nEste pensamiento refleja el «principio de utilidad» o «principio de máxima felicidad» cuya definición según John Stuart Mill (el mayor exponente del utilitarismo) es:\nEl credo que acepta como fundamento de la moral «la utilidad» o «principio de máxima felicidad» sostiene que las acciones son buenas en cuanto tienden a promover la felicidad, malas en cuanto tienden a producir lo opuesto a la felicidad. Por \u0026ldquo;felicidad\u0026rdquo; se entiende placer y ausencia de dolor; por \u0026ldquo;infelicidad\u0026rdquo; dolor y privación de placer».\nEl estudiante tan solo aplicó el principio de utilidad y razonó hasta sus últimas consecuencias, y concluyó, lógicamente, que el asesinato y robo de la vieja usurera era algo bueno, si era cometido con el fin de ayudar a muchas otras personas con el dinero robado.\nY arribó a esta conclusión, realizando un cálculo en el que juzga por un lado, cuánto dolor produce el asesinato de la vieja y por otro, el placer o «felicidad» que produce el ayudar a muchas personas con el dinero robado.\nEste cálculo es llamado «felicífico», y consiste en examinar las medidas de placer y dolor producidos por un acto determinado para decidir si ese acto es bueno o malo, contrastarlas entre sí y el resultado de dicho cálculo será el acto moral que el agente deberá realizar.\nFíjense, queridos oyentes, que el estudiante arriba a tal conclusión «razonando», no fue un impulso del momento, sino un acto deliberado, calculado y que partió de principios filosóficos.\nHabíamos comenzado hablando sobre dos ideas modernas que enferman espiritualmente al hombre: una de ellas fue el utilitarismo, y la otra idea que mencionamos fue el nihilismo.\nEl nihilismo y sus supuestos antídotos, a saber: la moral del amo y del esclavo, y la idea del superhombre son las verdaderas causas que mueven a Raskolnikov a cometer el asesinato y robo de la vieja usurera, y constituyen el foco de la obra.\nEn la obra, el juez que investigaba el crimen de la vieja usurera, menciona el artículo escrito por Raskolnikov, publicado en un periódico, donde éste elabora su teoría, y en la cual podemos encontrar las ideas de «la moral del amo y del esclavo» y del «superhombre».\n[\u0026hellip;] Había cierta alusión al hecho de haber en el mundo algunos individuos que podrían\u0026hellip;; es decir, no que podrían, sino que tienen perfecto derecho a cometer toda suerte de actos deshonrosos y de crímenes, y para los cuales es como si no se hubiese escrito la ley.\nAquí, el protagonista escribe sobre ese tipo de hombre superior que tiene derecho al crimen y sobre el cual hablaremos más en profundidad en un momento.\nEn la próxima cita, el juez describe la división de los hombres en inferiores y superiores —a éste último acabamos de mencionarlo—.\n[\u0026hellip;] Todo el quid está en que su artículo divide usted a los hombres en «ordinarios» y «extraordinarios». Los hombres vulgares deben vivir en obediencia y no tienen derecho a infringir las leyes, por el hecho mismo de ser vulgares. Pero los extraordinarios tienen derecho a cometer toda suerte de crímenes y a infringir de todas las maneras las leyes, por el hecho mismo de ser extraordinarios.\nAhora bien, la cuestión no es tan simple como aparenta. Raskolnikov reconoce que esta distinción entre hombres ordinarios y extraordinarios no tiene nada de nuevo: «[\u0026hellip;], esto, hasta ahora, apenas tiene nada de particularmente nuevo. Esto se ha impreso y se ha leído miles de veces».\nEsta es la razón por la cual Raskolnikov responde al comentario del juez sobre su teoría, afirmando que existe un punto que necesita aclarar respecto de los hombres extraordinarios y su derecho al crimen:\nSuperhombre (1/2) —No es eso enteramente lo que yo decía —declaró sencillamente y en voz alta—, aunque, lo reconozco, usted ha expuesto mi idea casi fielmente y, si usted se empeña, con absoluta fidelidad… —Parecía como que le agradaba reconocer esa fidelidad absoluta—. La diferencia consiste tan solo en que yo no sostenía ni remotamente que los hombres extraordinarios estuviesen obligados y hubiesen, sin remisión, de cometer siempre toda suerte de actos deshonrosos, según usted dice. Me parece incluso que la censura no lo hubiera dejado pasar. Yo me limitaba sencillamente a insinuar que los individuos «extraordinarios» tenían derecho (claro que no un derecho oficial) a autorizar a su conciencia a saltar por encima de… ciertos obstáculos, y únicamente en el caso en que la ejecución de su designio (salvador, a veces, acaso para la Humanidad toda) así lo exigiere. Usted ha tenido a bien decir que mi artículo no estaba claro; yo estoy dispuesto a explicárselo a usted hasta donde pueda. Es posible que no me equivoque si supongo que usted así lo desea; pues dígalo. A juicio mío, si los descubrimientos de Kepler y Newton, por consecuencia de ciertos enredos, no hubiesen podido llegar a conocimiento de los humanos de otro modo que mediante el sacrificio de la vida de uno, diez, cien o más hombres, que se opusiesen a ese descubrimiento o se atravesasen en su camino como obstáculos, Newton, entonces, hubiese tenido derecho, y hasta el deber…, de eliminar a esos diez o a esos cien hombres, a fin de que sus descubrimientos llegasen a noticia de la Humanidad toda. De lo cual, sin embargo, no se sigue en modo alguno que Newton tuviera ningún derecho a asesinar a quien se le antojase, sin ton ni son, ni a ir todos los días a robar a la plaza. Recuerdo, además, que yo, en mi artículo, desarrollaba la idea de que todos…, digamos, por ejemplo, los legisladores y fundadores de la Humanidad, empezando por los más antiguos y continuando por Licurgo, Solón, Mahoma, Napoleón, etcétera, etcétera, todos, desde el primero hasta el último, habían sido criminales aunque no fuese más que porque, al promulgar leyes nuevas, abolían las antiguas, tenidas por sagradas para la sociedad y los antepasados, y seguramente no habrían de detenerse ante la sangre, siempre que esta (vertida a veces, con toda inocencia y virtud, en defensa de las viejas leyes) pudiera servirles. Es también significativo que la mayor parte de esos bienhechores y fundadores de la Humanidad fueran unos sanguinarios, especialmente feroces.\n—Crimen y Castigo, Tercera parte, capítulo V.\nY este es el punto que mencionaba anteriormente:\n[\u0026hellip;] los individuos «extraordinarios» tenían derecho [\u0026hellip;] a autorizar a su conciencia a saltar por encima de… ciertos obstáculos, [\u0026hellip;] únicamente en el caso en que la ejecución de su designio (salvador, a veces, acaso para la Humanidad toda) así lo exigiere».\nEsto es «lo que, efectivamente, resulta original en todo eso…, [\u0026hellip;] que se puede, en conciencia, derramar sangre» nota su amigo Razumijin.\nAdemás, el protagonista describe a estos hombres extraordinarios como individuos que expresan «una palabra y un pensamiento superiores», rasgo distintivo de estos hombres.\nUn ejemplo de este rasgo distintivo podemos encontrarlo en el mismo Raskolnikov; tal es así que el mismo Porfirii (el juez que investigaba el caso de la vieja usurera) le preguntó al respecto:\nal escribir usted ese artículo…, seguramente es que…, ¡je…, je…, je!…, se consideraba usted a sí mismo…, aunque solo fuere un poquitín…, como un ser «extraordinario» y que dice una palabra nueva… Vamos, en el sentido que usted da a esta frase… ¿No es así?\nTal como dijimos, este rasgo distintivo de los hombres superiores, a saber, poseer «el don o el talento de decir en su ambiente una palabra nueva», es lo que concedía a la conciencia de esos hombres a autorizarse a saltar por encima de ciertos obstáculos, incluso si esto implica derramar sangre.\nYo concluía de ahí que todos los individuos, no ya los grandes, sino aun aquellos que se apartasen un poco de la vulgaridad, esto es, aun los capaces de decir algo nuevo, vienen obligados, por su propia naturaleza, a ser criminales sin remisión [\u0026hellip;].\nMás adelante, Raskolnikov confiesa a Sonia la razón por la cual mató y robó, y muestra exactamente ese mismo rasgo que mencionaba anteriormente cuando hablaba sobre esos hombres extraordinarios:\nSuperhombre (2/2) —Adiviné entonces, Sonia —prosiguió con entusiasmo—, que el poder únicamente se le da a quien se atreve a inclinarse y cogerlo. Solo una cosa, una cosa: que se atreva. Entonces se me ocurrió un pensamiento, por primera vez en mi vida, que nunca antes se me había ocurrido. ¡Nunca! De pronto se me hizo claro como el sol, se me presentó con toda evidencia, que, hasta ahora, nadie se había atrevido, ni se atrevería, al pasar junto a toda esa estupidez, a cogerlo sencillamente todo por la cola y mandarlo al diablo. Yo…, yo quería atreverme, y maté…; solo quería atreverme, Sonia: ahí tienes toda la razón.\nEntonces se me ocurrió un pensamiento, por primera vez en mi vida, que nunca antes se me había ocurrido.\nEste es el rasgo que habíamos comentado anteriormente, ésta es la «palabra nueva» que «dice en su ambiente». Ésto es lo que lo aparta del rebaño y lo establece como hombre extraordinario.\nPero aún falta algo, que se atreva:\nhasta ahora, nadie se había atrevido, ni se atrevería, al pasar junto a toda esa estupidez, a cogerlo sencillamente todo por la cola y mandarlo al diablo.\nEste es el otro rasgo distintivo del hombre superior, del superhombre: el atreverse a traspasar los límites impuestos por la moral. A transgredir la ley. La moral es «toda esa estupidez» que Raskolnikov menciona y es eso lo que quiere «mandar al diablo».\nCuando hablaba acerca de que «nadie se había atrevido, ni se atrevería», estaba hablando del rebaño, del hombre ordinario que obedece la ley. El hombre extraordinario, en cambio, y como hemos visto, es aquel que se atreve a infringir la ley, el único que tiene derecho a hacerlo en virtud de su naturaleza.\nUna vez más, podemos ver claramente la idea expuesta por el autor en boca del protagonista de la obra; la idea del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la idea de la moral del amo y del esclavo, al igual que la idea de superhombre.\nAntes de continuar, quiero comentar brevemente que no hay registro alguno en donde Dostoievsky haya siquiera mencionado a Nietzsche. Sin embargo, si existe, al menos un escrito, donde Nietzsche menciona a Dostoievsky.\nEn El ocaso de los ídolos, Nietzsche escribió: «Dostoievski, el único psicólogo del que he tenido algo que aprender».\nCon esto, quiero dejar en claro que ambos arribaron a una misma conclusión respecto de la enfermedad del hombre moderno, aunque el remedio para dicha enfermedad es diferente en ambos.\nContinuamos, entonces, hablando de la moral del amo y del esclavo.\nSegún Nietzsche, existen dos tipos de moral, aquellas que acabamos de mencionar; en la moral del amo o aristocrática, lo «bueno» y lo «malo» equivalen a «noble» y «plebeyo».\nEn la moral del esclavo, en cambio «lo bueno es lo que es beneficioso para la sociedad del débil» y «los individuos fuertes e independientes son considerados como peligrosos, es decir, como \u0026ldquo;malos\u0026rdquo;».\n«La moral de los esclavos, es, pues, una moral gregaria. Sus valoraciones morales son expresiones de las necesidades del rebaño».\nPor supuesto, por «extraordinarios» entendemos «nobles» y por «ordinarios» o «vulgares», «plebeyos». Los hombres extraordinarios son los «fuertes e independientes» y los ordinarios son los «débiles» que habíamos mencionado anteriormente.\nEstos hombres extraordinarios son el ideal de superhombre de Nietzsche. «Cuando Nietzsche habla de una posición más allá del bien y del mal, está pensando en superar la llamada moral del rebaño».\nEsto lo hemos visto con la última cita sobre la razón por la cual Raskolnikov mató y robó: fue más allá del bien y del mal, traspasó los límites de la moral del rebaño, y pagó el precio por hacerlo.\nEstos hombres superiores hacen esto con el fin de «crear valores que expresen una vida superior y un medio para trascenderse a sí mismos hacia el superhombre, un nivel superior de existencia humana».\nEste superhombre «es la integración y desarrollo más altos posibles del poder intelectual, la fortaleza de carácter y voluntad [\u0026hellip;]».\nSobre este punto, volveremos en el próximo episodio, solo basta decir que la razón por la que Raskolnikov cree que es un hombre extraordinario yace aquí.\nAlgo digno de mencionar es que «el superhombre podría ser Goethe y Napoleón en una sola persona, apunta Nietzsche».\nY éste es otro punto en donde podemos encontrar que el pensamiento de Nietzsche y Dostoievsky arriban a la misma conclusión. En efecto, Raskolnikov toma como ejemplo de hombre extraordinario la figura de Napoleón.\nCuando Raskolnikov responde al comentario del juez sobre su teoría, menciona a Kepler y Newton, Licurgo, Solón, Mahoma y Napoleón como ejemplos de hombres extraordinarios y los distingue del resto de los hombres a los que se refiere como ordinarios y vulgares.\nDe nuevo, éste es otro punto en donde ambos autores arriban a la misma conclusión, a tal punto de usar la misma palabra. En algunas traducciones al español «vulgar» es traducido como «rebaño», que dicho sea de paso, es la palabra usada por el autor en el ruso original.\nA propósito de Napoleón, Raskolnikov escribe:\n[\u0026hellip;] El verdadero dominador, al que todo le está permitido, bombardea Tolón, asuela París, olvida a su ejército en Egipto, derrocha medio millón de soldados en la retirada de Moscú y sale del paso con un retruécano en Vilna; y todavía, después de muerto, le levantan estatuas… Según parece, todo le estaba permitido. ¡No; esos seres, por lo visto, no son de carne y hueso, sino de bronce!\nEstas ideas, a saber: la idea de superhombre y la idea de la moral del amo y del esclavo son el supuesto antídoto al nihilismo, según Nietzsche.\n¿Qué es el nihilismo? El nihilismo es «el acontecimiento más importante de la época actual —que Dios ha muerto, que la fe en el dios cristiano ha sido imposible de mantener—».\nY la consecuencia del nihilismo es que «el declive de la creencia en Dios abre el camino a las energías creadoras el hombre».\n¿En qué sentido abre el camino a las energías creadores del hombre? En el sentido que ya mencionamos: «crear valores que expresen una vida superior».\n«La muerte de Dios» tiene dos consecuencias: la primera es «el ocaso de la civilización cristiana decadente de Europa» y la segunda es «el rechazo de los valores absolutos, de la idea de una ley moral objetiva y universal».\nY el motivo decisivo de su rechazo es que los hombres (o el propio Nietzsche) pueden ocupar el lugar de Dios como legislador y creador de valores.\nAhora, quiero hablar tan solo un momento más sobre este último punto antes de terminar con el episodio. La segunda consecuencia de la muerte de Dios es: «el rechazo de los valores absolutos».\n[Esto] incluye la muerte de la verdad objetiva, que, según Nietzsche, probablemente diría que es solo «Dios sin rostro».\nY ésta es la clave para entender «Crimen y Castigo». También es la clave para conocer el remedio de la enfermedad que padece el hombre moderno. Y por último, es la clave para contestar la pregunta que hicimos en el primer episodio de este podcast.\n[Nietzsche] escribió famosamente: «No hay hechos, solo interpretaciones». Sobre todo, no hay valores, fines o bienes objetivos. Y por lo tanto, si no hay bienes objetivos, no hay males objetivos: como dijo Dostoyevski, «Si Dios no existe, todo está permitido».\nEsta última cita nos recuerda a lo dicho por Raskolnikov sobre Napoleón: «todo le estaba permitido». Y ciertamente, así parece. La historia así lo cuenta. Sin embargo, Raskolnikov reconoce que «esos seres, por lo visto, no son de carne y hueso, sino de bronce».\n«[\u0026hellip;] Si no hay bienes objetivos, no hay males objetivos» resume en tan solo una línea el nihilismo. Si no hay una ley moral objetiva y universal, si no hay una verdad objetiva, si no hay valores absolutos, entonces el hombre tendrá que crear sus propios valores.\n¿Pero quién se atreverá a hacerlo? El superhombre. El hombre que vaya más allá del bien y del mal, aquel hombre que supere esa moral del rebaño creada para debilitar a los hombres fuertes e independientes.\nPero todo esto depende de tan solo una cosa: que realmente no exista un mal objetivo; de otra manera, si existe un mal objetivo, existe también un bien objetivo.\nCreo, queridos oyentes, que pueden ver hacia dónde voy con esto. Esta idea encierra el argumento principal de la obra sobre el cual hablaremos en el próximo episodio.\nY hablando del próximo episodio, y ya que en este hablamos sobre las ideas modernas que enferman al hombre, en el episodio número tres de «La Última Cruzada» hablaremos sobre los síntomas y el remedio a dicha enfermedad.\nUna vez más quiero agradecerles por tomarse el tiempo de escuchar este episodio. Y antes de dejarlos, quiero preguntarles: ¿existe la verdad? Los leo en la caja de comentarios.\nHasta el próximo episodio.\n","date":"9 de diciembre de 2025","externalUrl":null,"permalink":"/es/podcast/ep2/","section":"Podcast","summary":"Buscamos las causas de la enfermedad del hombre moderno.","title":"Episodio 2 | Crimen y castigo: la enfermedad.","type":"podcast"},{"content":" Descripción # ¡Bienvenidos a la La Última Cruzada! Soy su anfitrión Syme y en este primer episodio hablamos sobre esa batalla entre el sentido común y la locura del mundo moderno. Nos introducimos en el mundo de la filosofía y la literatura, y buscamos allí alcanzar la verdad.\n¡Únete al combate!\nLa primera batalla. Libros mencionados en este episodio: # Chesterton, Gilbert Keith. El hombre que fue jueves: una pesadilla.\nChesterton, Gilbert Keith. Santo Tomás de Aquino: el buey mudo.\nLeer transcripción Bienvenidos a «La Última Cruzada» (combatiendo las locuras del mundo moderno).\nSoy su antitrión Syme y en este primer episodio realizaré una breve introducción en la que hablaré sobre qué va a tratar el podcast, también acerca del nombre de éste y cómo abordaré los temas a tratar. Además de un pequeño adelanto del siguiente episodio.\nComencemos.\nBienvenidos una vez más a La Última Cruzada, soy su anfitrión Syme y antes de comenzar, quiero tomarme un momento para agradecer a los oyentes por escuchar este podcast, en el cual levantamos en alto el estandarte del sentido común y de la buena filosofía en contra de las locuras del mundo moderno.\nQuiero comenzar presentándome: mi nombre es Syme y soy profesor en filosofía; estudié en un instituto superior de formación docente de la Pcia. de Bs. As y me desempeño actualmente como docente en el nivel secundario, tanto en el ciclo básico como en el superior.\nHace relativamente poco tiempo que me desempeño como docente, alrededor de unos 6 años y a lo largo de este corto recorrido he ganado algo de experiencia en la enseñanza de la filosofía que me gustaría compartir con la audiencia.\nComo ya habrán podido darse cuenta, en este podcast hablaremos sobre filosofía. Y ya sé lo que están pensado: «¿Sobre filosofía?», «¿No podrías haber elegido otro tema?». «Podrías haber elegido cualquier otra cosa de la que hablar; cosas que a todos nos interesan y son menos aburridas como por ejemplo: ¿cuanto tarda en secar la pintura o en cuanto tiempo crece el pasto?».\nSin embargo, estoy aquí para asegurarles que si bien el podcast puede no resultar divertido, si vamos a dar respuestas claras, precisas y contundentes (cual estocada de sable) a las preguntas más importantes que el hombre pueda hacerse, y eso, no solo es útil, sino que algunos hasta lo llamarían agradable.\nMientras pensaba acerca de como enseñar filosofía en mis clases, transmitir esas verdades frutos de siglos de investigación filosófica, pasé por un momento de mi vida en que me volqué hacia la lectura de las grandes obras clásicas de la literatura universal.\nPero no solo fueron las grandes obras de la literatura que leí, sino también de filosofía. Leer a los grandes filósofos de la historia y aprender de ellos ha sido para mí como descubrir un tesoro que siempre estuvo enfrente mío, pero justamente porque estaba frente mío, no había podido verlo.\nEsa basta riqueza que encontré, infundió en mí un deseo de compartir esa riqueza con otros, comunicar esas verdades halladas y de ahí nació la idea de este podcast.\nEse período de lectura de la grandes obras literarias y filosóficas comenzó a partir del 2020 (y aun no ha terminado). En ese tiempo por obvias razones contaba con mucho tiempo libre para sentarme y leer. Ya sé que suena como si no hubiera leído ningún libro desde que me recibí.\nYa había comenzado años atrás leyendo libros de un cierto autor ruso del cual hablaremos en el próximo episodio, pero fuera de eso no había vuelto a leer un libro que no fuera de filosofía -salvo alguna que otra excepción- (y desafortunadamente, esos libros que sí leí no fueron de «buena filosofía»).\nLa lectura de dichos obras, me llevó a buscar, leer y contemplar las verdades allí contenidas, y me abrió los ojos a una realidad que para mí hasta entonces, al menos, permanecía oculta. Permaneció oculta mucho tiempo porque nunca me atrajo la lectura de cuentos de hadas, novelas, poemas épicos, en fin: historias -si tenía libros de filosofía que podían explicar lo mismo de manera mucho mas sucinta-. Que equivocado estaba.\nEl leer las grandes obras de la literatura universal, me mostró que más allá de las verdades que la filosofía podía enseñarme, hay un mundo mucho más maravilloso en esas historias que también transmiten verdades (aunque a su manera). Ahí vi por primera vez la belleza de la literatura, y fue un amor a primera vista (o primera lectura).\nEse amor me dio noticias de un tesoro de valor incalculable: la verdad. Y es esa verdad que espero poder comunicar, ese «amor a la verdad». Además, una tradición filosófica de siglos que comunica dicho amor con un exactitud propia de un matemático, que resuena en el tiempo y transmite valores que hoy en día parecen perdidos y olvidados. Hoy, mas que nunca es una cuestión de vida o muerte conocer la verdad. La verdad eterna, y en este podcast espero, en la medida de lo posible, comunicarla.\nRecuerdo que el primer autor que leí fue C. S. Lewis (más conocido como el autor de «Las Crónicas de Narnia») y luego leí a su amigo J. R. R. Tolkien (más conocido como el autor del «Señor de los Anillos»). Y no fue hasta hace poco que comencé a leer a G. K. Chersterton. Y de todos los libros que he leído de este último hasta ahora, el más atrapante ha sido sin duda «El hombre que fue jueves: una pesadilla».\nAhora bien, el nombre de este podcast «La Últimca Cruzada» fue tomado de esta obra de G. K. Chesterton. En ese libro, Gabriel Syme es un poeta que se vuelve policía, pero no cualquier policía, sino un policía filosófico. Syme es reclutado por un nuevo cuerpo de policía encargado de descubrir a criminales intelectuales y para identificarlo como tal, le fue dado una pequeña tarjetita azul que lee: «La Última Cruzada».\nEstos policías filosóficos buscaban criminales intelectuales, los cuales habían formado una conspiración en contra del hombre y del sentido común. Habían enloquecido y buscaban enloquecer al mundo entero. Y aun peor, buscaban destruirlo todo. Eran anarquistas.\nEs esta cruzada por el sentido común, la cordura, en contra de los anarquistas, los que han perdido la razón, o como escribe Chesterton: «la razón es lo único que les queda», contra todo eso combatimos en este podcast. Contra la más grande conspiración en contra de la Familia y el Estado. Contra esos filósofos malvados que buscan destruirlo todo. Recobrando el sentido común, el asombro por las maravillas de este mundo y por supuesto, la buena filosofía: la filosofía del sentido común.\n¿Y quién mejor para enseñarnos filosofía que Santo Tomás de Aquino? Por eso, en este podcast, responderemos a las preguntas más importantes desde la filosofía tomista. No ha existido otra mente tan brillante como la suya a lo largo de la historia; ningún otro ha sido capaz de la gran hazaña que ha realizado: una síntesis entre la filosofía de Aristóteles y el cristianismo . Nadie ha podido dar respuesta alguna a todas las preguntas más importantes que el hombre necesita responder con la misma claridad, precisión y contundencia como lo hizo Santo Tomás: el más sabio entre los santos y el más santo entre los sabios. No hay nadie que lo haya igualado. Ni lo habrá jamás.\nLos filósofos modernos ni siquiera pueden llegarle al talón, por la sencilla razón de que han perdido la razón. Algunos filósofos modernos ni siquiera se molestan en preguntar dichas preguntas porque, sencillamente, ni siquiera creen que puedan responderse. Toda la filosofía moderna descansa sobre la paradoja, o en otras palabras, sobre su cabeza (han perdido la cabeza); es decir: están contradiciéndose continuamente.\nEn la filosofía moderna no encontramos verdad, solo error, o aun peor: verdad mezclada con error. Si a un hombre sencillo le describimos las ideas modernas de manera sencilla, nos contestaría que la persona que tuvo tales ideas está loca. Y lo están. Y lo demostraremos.\nMencionaba a las grandes obras de la literatura universal anteriormente, no solo porque me dieron a conocer una belleza y verdades que deseo comunicar, sino también porque es con su ayuda que voy a abordar la enseñanza de filosofía. Es una gran ayuda para entender la filosofía (en mi opinión), ya que a diferencia de ésta última, la literatura puede mostrarnos en vez de explicarnos cuestiones difíciles de entender, poniéndolas así al alcance de todos. Después de todo, las historias siempre fueron la manera preferida de enseñar ciertas verdades que de otra manera serían imposibles de enseñar.\nEntonces, resumiendo: 1) soy un profesor de filosofía que, 2) busca enseñar filosofía en las redes, principalmente a través de este podcast, 3) con la ayuda de las grandes obras clásicas de la literatura, 4) de la mano de la filosofía tomista y 5) el nombre «La Última Cruzada» resume la esencia del podcast, ya que hablaremos sobre ese combate en defensa del sentido común (el pilar de la buena filosofía) y en contra de todas las locuras del mundo moderno.\nCon esto, espero no solo ayudar a recobrar el sentido común y la cordura, sino también enseñar filosofía, promover la lectura de las obras clásicas de la literatura universal, y despertar en el alma ese amor por la belleza y la verdad.\nY en relación a esto último; la primera pregunta que muchos de mis alumnos me hacen es: «¿qué es la filosofía?» Y en vez de explicar o citar algún filósofo al respecto, me parece mucho mejor mostrarles «qué es» la filosofía, en qué consiste.\nY quisiera comenzar mostrando qué es la filosofía con la ayuda de uno de mis libros favoritos «Crimen y Castigo», escrito por uno de mis autores favoritos: Fiódor Dostoyevski. Es un autor ruso del siglo XIX cuyas obras revelan un impactante y profundo entendimiento del alma humana.\nPara algunos es un psicólogo y para otros es un pneumatólogo, un conocedor del espíritu humano quien nos ayudará a conocernos mejor a nosotros mismos y a la verdad. Y para Dostoyevski el hombre moderno está enfermo, espiritualmente hablando. Y en «Crimen y Castigo» nos muestra la imagen de una persona enferma que padece ciertos síntomas propios del mundo moderno y que necesita desesperadamente de un remedio.\nDe todo eso y más hablaremos en el próximo episodio. Una vez más, les agradezco, queridos oyentes por haber escuchado este primer episodio de La Última Cruzada.\nAntes de irme, quisiera pedirles que sigan nuestras redes sociales cuyos enlaces están en la descripción, y también quisiera leerlos: me gustaría saber quien es su autor favorito y porque. Ahora sí, hasta el próximo episodio.\n","date":"25 de septiembre de 2025","externalUrl":null,"permalink":"/es/podcast/ep1/","section":"Podcast","summary":"Una introducción al podcast.","title":"Episodio 1 | La primera batalla.","type":"podcast"},{"content":"","externalUrl":null,"permalink":"/es/authors/","section":"Authors","summary":"","title":"Authors","type":"authors"},{"content":"","externalUrl":null,"permalink":"/es/series/","section":"Series","summary":"","title":"Series","type":"series"},{"content":" Quién soy # Mi nombre es Gabriel Syme. Soy profesor en filosofía. Estudié en un Instituto Superior de Formación Docente de la Provincia de Buenos Aires. 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