Ir al contenido
  1. Podcast/

Episodio 3 | Crimen y castigo: los síntomas y el remedio.

Syme
Autor
Syme
Afirmamos que el criminal peligroso es el criminal culto.

Descripción
#

En este episodio hablamos sobre los síntomas y el remedio a la enfermedad del hombre moderno. La soberbia, la ignorancia arrastran a la mente moderna hacia las más profundas oscuridades del ser, y tan solo el poder de la verdad puede salvarla. Acompáñanos en esta nueva batalla contra la locura del mundo moderno.

En este día en que celebramos a San Jorge, y durante este tiempo pascual, hacemos honor al Santo, combatiendo al dragón y los frutos de sus mentiras en esta última cruzada.

Invitame un café en cafecito.app

Bibliografía:
#

  • Aquino, Tomás. Suma contra los Gentiles. Club de lectores, 1959.

  • Aquino, Tomás. Suma Teológica. Club de lectores, 1989.

  • Aquino, Tomás. Comentarios a la Metafísica de Aristóteles. Emmaus Academic, 2020.

  • Berdiaev, Nikolay. El espíritu de Dostoyevski. Editorial Nuevo Inicio, 2008.

  • Dostoievski, Fiódor M. Crimen y castigo. Penguin Random House Grupo Editorial, 2023.

  • Dostoievski, Fiódor M. Diario de un escritor. Alba Editorial, 2021.

  • Sáen, Alfredo, S. J. El fin de los tiempos y siete autores modernos. Gladius, 2021.

Leer transcripción

Bienvenidos a La Última Cruzada. En este episodio hablaremos sobre los síntomas y el remedio a la enfermedad del hombre moderno cuyas causas habíamos descrito en el episodio anterior, y encontramos en la obra de Fiódor Dostoievski: «Crimen y castigo».

Comencemos.

Bienvenidos una vez más a La Última Cruzada. Soy su anfitrión Syme y antes de comenzar con el episodio, quiero tomarme un momento para agradecer a todos aquellos oyentes por escuchar este podcast.

En el episodio anterior hablamos sobre las causas de la enfermedad del hombre moderno; para Dostoievski dichas causas las encontramos en las ideas modernas que enloquecen al hombre.

Y por lo tanto, la locura es el efecto causado en el hombre moderno por las ideas ya mencionadas; el síntoma de su enfermedad. Pero nos estamos adelantando.

Antes de hablar sobre la locura, queremos hablar sobre los que consideramos otros síntomas que aparecen en la obra; el primero de ellos es el orgullo o soberbia.

Y éste podemos verlo plasmado a lo largo de la obra múltiples veces, lo cual sugiere que el autor realmente cree necesario mencionarlo como característica que define a Rodia.

El mismo Raskolnikov, al hablar con Sonia admite que es un hombre orgulloso y propenso a la locura.

[…] Lo que sucede es que soy orgulloso, envidioso, perverso, vil, rencoroso y…, para decirlo todo ya que he comenzado…, propenso a la locura.

En esta cita que compartiremos sobre el orgullo de Raskolnikov, Sonia nos da una pista acerca de cual podría ser el remedio a la enfermedad:

Por otra parte, sabía que Rodia tenía un orgullo desmedido y carecía de sentimientos religiosos.

Sobre esto último hablaremos más adelante, sobre esa carencia de sentimientos religiosos, cuya causa podemos rastrear hasta la ideas modernas ya nombradas.

Y para concluir con este síntoma del orgullo o soberbia, queremos compartir este párrafo que aparece en el capítulo IV de la primera parte:

Hay que advertir que Raskolnikov, cuando estudiaba, vivía aparte de los demás alumnos, aislado, sin ir a casa de ninguno de ellos ni admitir sus visitas. Sus compañeros le habían vuelto pronto la espalda. No tomaba parte en las reuniones, en las polémicas ni en las diversiones de sus condiscípulos. Estudiaba con un ahínco, con un ardor que le había atraído la admiración de todos, pero ninguno le tenía afecto. Era pobre en extremo, orgulloso, altivo, y vivía encerrado en si mismo como si guardara un secreto. Algunos de sus compañeros juzgaban que los consideraba como niños a los que superaba en cultura y conocimientos y cuyas ideas e intereses eran muy inferiores a los suyos.

Al final de esta cita podemos ver como el autor desde el comienzo de la obra, describe a Rodia considerándose superior a sus compañeros.

Y ésta es la definición de soberbia. En la Suma Teológica, secunda secundae, cuestión CLXII (162), «De la soberbia», artículo I, «De si la soberbia es pecado», Santo Tomás responde: «Debe decirse, que la soberbia trae su nombre de que alguno pretende elevarse voluntariamente más de lo que él es […]». Y continúa diciendo:

Debe decirse, que la soberbia se opone a la humildad, y ésta se refiere propiamente a la sumisión del hombre a Dios, como se ha dicho (C. 161, a.1, al 5°); luego, por el contrario, la soberbia consiste propiamente en la falta de esta sujeción, en cuanto que alguno se engríe sobre lo que le está prefijado, conforme a la divina regla o medida, y por esto se dice (Eccli. 10, 14) que el principio de la soberbia del hombre es apostatar de Dios, esto es, porque se considera la raíz de la soberbia en que el hombre no se somete en algún modo a Dios y a su regla.

Nada mejor describe el ánimo general de Raskolnikov que la soberbia. En estas últimas palabras, podemos entender como la apostasía de Dios, es decir, la soberbia, parecería constituir la raíz del problema, la causa de la enfermedad.

Y como veremos en la conclusión de este episodio, esto no es así, por eso hablamos de la soberbia como síntoma y no causa de la enfermedad.

A causa de la soberbia, arribamos al que consideramos el segundo síntoma: Raskolnikov tan solo puede pensar en sí mismo y en nadie más.

Para mí solo

— […] No fue por ayudar a mi madre por lo que maté… ¡Absurdo! No maté tampoco para, contando ya con medios y poder, erigirme en bienhechor de la Humanidad. ¡Absurdo! Sencillamente, maté; para mí maté, para mí solo […]. Y tampoco necesitaba dinero, ni era eso lo principal, Sonia; cuando maté, no necesitaba tanto dinero como otra cosa… […] Yo necesitaba conocer otra cosa, otra cosa empujaba mi brazo: yo necesitaba saber entonces, y saberlo cuanto antes, si yo era también un piojo, como todos, o un hombre. ¿Estaba facultado para transgredir la ley o no lo estaba? ¿Era osado a traspasar los límites y aprehender o no? ¿Era yo una criatura que tiembla, o tenía derecho?

En esta cita podemos ver como Raskolnikov parece no importarle otra persona más que él mismo. No cometió el crimen para ayudar a su madre u otros, sino porque necesitaba saber si era un hombre extraordinario o tan solo uno mas del rebaño, si «estaba facultado para trasgredir la ley», para «traspasar los límites».

Esto es a lo que se refiere Santo Tomás con «no se somete en algún modo a Dios y su regla». Y con «transgredir la ley» y «traspasar los límites», el autor está refiriéndose a esa regla.

Por eso, el aquinate dice que «la soberbia consiste en esa falta de sujeción». Aquí encontramos un claro ejemplo de esa pretensión de elevarse más de lo que él es, transgrediendo la ley, traspasando los límites. Dicho de otro modo, esa ley, esos límites son la regla.

Ahora bien, llegamos al último síntoma que queríamos comentar: la locura. Opinamos que dicha locura nace de una lucha en lo profundo del alma del protagonista y de la cual hablaremos en la segunda parte del podcast.

Locura

El crimen no podía haberse cometido de otro modo que en un estado pasajero de locura, por decirlo así, bajo la acción de una morbosa monomanía de homicidio y robo, sin ulteriores miras ni cálculos de lucro. […] Además, el reciente estado de hipocondría de Raskólnikov lo atestiguaron terminantemente muchos testigos, el doctor Zosímov, sus antiguos camaradas, la patrona, la criada. Todo esto contribuyó grandemente a la conclusión de que Raskólnikov no tenía la más remota semejanza con un asesino, bandido o ladrón vulgar, sino que había que ver en él otra cosa distinta. Con grandísima contrariedad por parte de los que sostenían esta tesis, el mismo criminal casi no hacía nada por defenderse, sino que a las preguntas terminantes: «¿Qué cosa concretamente podía haberlo inclinado al homicidio y qué fue lo que le indujo a cometer el robo?», respondió, con toda claridad y con la más brutal decisión, que la causa de todo había sido su enojosísima situación, su miseria y desamparo, el deseo de iniciar sus primeros pasos en la vida con ayuda, por lo menos, de tres mil rublos, que esperaba encontrar en casa de la interfecta. […] A la pregunta de por qué se había sentido impulsado a delatarse, contestó francamente que por una sincera contrición. Todo esto resultaba casi brutal…

En esta cita que aparece en el epílogo de la obra, podemos ver como Raskolnikov es diagnosticado como habiendo sufrido un ataque de locura pasajera, porque de otra manera no es posible entender: «¿Qué cosa concretamente podía haberlo inclinado al homicidio y qué fue lo que le indujo a cometer el robo?».

En resumen, los síntomas de la enfermedad que padece Raskolnikov son: 1) el apetito desordenado de excelencia, en otra palabras, es soberbio, y como consecuencia de esto, 2) tan solo puede pensar en sí mismo, y 3) está volviéndose loco a causa de ésto.

Toda la obra apunta hacia la causa de dicha enfermedad, es decir, la locura que padece el hombre moderno. Y ya vimos que la causa de dicha locura son las ideas modernas que son contagiadas como virus, y cuyos síntomas ya hemos descrito.

Hasta ahora tan solo hemos mencionado los síntomas de la enfermedad, y al comienzo de este episodio nos propusimos hablar también sobre el remedio y eso es lo que haremos en esta segunda parte.

Dicho remedio lo encontramos en la obra de dos modos: el primero en los nombres de Raskolnikov y Sonia; y el segundo en el sueño del protagonista una vez que éste se halla en prisión, cumpliendo su sentencia, en el epílogo de la obra.

Con respecto a lo primero, podemos decir que la raíz del nombre Raskolnikov es «raskol» y significa cisma, división en ruso. Y éste nombre describe perfectamente al protagonista.

Es un hombre dividido entre el bien y el mal, y eso está volviéndolo loco; esto es a lo que habíamos aludido en la primera parte cuando hablamos de la locura como lucha en el alma de Rodia.

Si hubiera cedido por completo ante la influencia de las ideas modernas, no hallaríamos conflicto alguno en él. Pero aún no estaba poseído plenamente por éstas, y de ahí su lucha consigo mismo.

Esto lo podemos ver claramente en el epílogo, donde encontramos evidencia para apoyar la teoría de que Rodia poseía un corazón noble, aunque turbado.

Es un buen hombre

Se aclararon, además, otras circunstancias completamente inesperadas que favorecían mucho al procesado. El exestudiante Razumijin fue a buscar, ¿quién sabe adónde?, testimonios, y adujo pruebas de que el delincuente Raskólnikov, en el tiempo que estuvo en la universidad, ayudó a sus expensas a un condiscípulo pobre y tísico, manteniéndole poco menos que del todo por espacio de medio año. Luego que aquel murió, fue a buscar al padre, que vivía, pero era viejo y estaba impedido, del compañero muerto (el que había estado sosteniéndolo y manteniéndolo con su trabajo casi desde los trece años), recabó y obtuvo su ingreso en un hospital, y, al morir, le costeó el entierro. Todos estos testimonios ejercieron su parte de influencia en la decisión de los magistrados. Hasta su patrona, la madre de la difunta prometida de Raskólnikov, la viuda Zarnitsina, atestiguó también que cuando vivían en la otra casa, en las Cinco Esquinas, Raskólnikov, con ocasión de un incendio, de noche, extrajo de un piso, ya chamuscados, a dos niños pequeñitos, sufriendo él también quemaduras. Este hecho fue comprobado, y de él dieron fe cumplida numerosos testigos.

Opinamos que el autor no se hubiera tomado la molestia en mencionar a Raskolnikov asistiendo a ese compañero enfermo y su padre, y también pagando por el entierro de éste, o a esos niños que salvó de un incendio, a menos que fuera su intención dejar en claro que Rodia poseía un gran corazón.

¿Por qué era necesario mencionar estos actos del protagonista en este preciso momento de la historia? Porque era necesario mostrarnos que Rodia era un joven enfermo y no un criminal.

Una vez que Rodia es enviado a la prisión para cumplir con su sentencia, los demás presos tenían ésto para decir acerca de él:

[…] Igualmente se mofaban de su crimen condenados que habían cometido otros crímenes más graves.

—Tú eres un señorito —le decían—. Eso de asesinar a hachazos no se ha hecho para ti.

—No son cosas para la gente bien.

Por eso dice, no son cosas para la gente bien. Significa que Raskolnikov era una persona que no tenía ninguna razón para haber cometido el asesinato, ya que era «gente bien».

De ahí que el asesinato haya resultado incomprensible para todos, incluso a los presos y no tan solo a la justicia; es incomprensible a menos que realmente estuviera enfermo.

Éste es el punto de la obra: mostrarnos las consecuencias de una mente retorcida por la influencia de las ideas modernas.

Fueron esas ideas las que lo arrastraron e hicieron que cayera. Y si bien dijimos una y otra vez que eran las ideas modernas las causas de la enfermedad, podríamos decir de éstas que son más bien causas secundarias.

La causa principal de la enfermedad de Rodia es la ignorancia, no la soberbia como dijimos en la primera parte. Y a medida que nos aproximemos a la conclusión de este episodio, se volverá más evidente porqué decimos esto. Pero ¿qué es lo que Raskolnikov ignoraba? El nombre de Sonia encierra la respuesta a dicha pregunta.

Además, responde a la pregunta que prometimos responder en el primer capítulo de este podcast y que el oyente seguro recordará: ¿Qué es la filosofía?

El nombre de Sonia es diminutivo de Sofía. Y «sofía» en griego significa sabiduría. Si pensamos en Sonia por tan solo un instante, ciertamente lo primero que pensamos acerca de ella es que no es una persona muy instruida.

Si así lo fuese, quizás hubiese procurado otros medios para cuidar de su familia como lo hizo la hermana de Rodia.

En la obra, tan solo puede leer con algo de dificultad, y ésto quizás se deba más a los nervios causados por la presencia de Raskolnikov que a su escasa instrucción.

A pesar de esa pobre educación, podemos decir que Sonia poseía algo de sabiduría. Con esto no queremos decir que Sonia era una experta en teología o filosofía, ni nada parecido, sino que había algo que conocía y que Raskolnikov, por el contrario, ignoraba: la Verdad.

En efecto, la sabiduría es la ciencia de la verdad. En la Summa Contra Gentiles, I, cáp. I, Santo Tomás dice:

Filosofía primera es la ciencia de la verdad

[…] Pero aun el Filósofo (Metaf. II, text. com. 3) determina que la Filosofía primera es la ciencia de la verdad; no de cualquier verdad, sino de aquella que es el origen de toda verdad, es decir, aquella que se refiere al primer principio del ser de todas las cosas; de donde se sigue que también la verdad de la filosofía es el principio de toda verdad (Metaf. II, text. com. 4). Pues la disposicion de las cosas en la verdad es la misma que en el ser 1.

Para entender mejor la cita del aquinate, creemos oportuno mencionar su comentario al libro 1 de la Metafísica, lección 1, en el cual dice: «la ciencia llamada sabiduría trata de las primeras causas y principios de todas las cosas».

Y en su comentario al libro 2 de la Metafísica, lección 2, dice: «la filosofía primera considera las primeras causas, de ahí se sigue, […] que la filosofía considera esas cosas que son verdaderas en grado sumo».

Santo Tomás quiere decirnos que esas primeras causas o principios de todas las cosas, son también el principio de toda verdad. Y aquí es necesario precisar que entendemos por el término «primeras causas».

La primera causa o principio de todas las cosas es Dios. De ahí que la sabiduría, es decir, la ciencia de la verdad, sea ciencia de Dios. Por eso, Aristóteles también la llamaba teología o filosofía primera porque trata de la primeras causas o principios de todas las cosas.

Algo que queremos destacar con respecto a Sonia es su humildad, esto es, su sumisión a Dios. Ésta es la razón por la cual posee sabiduría. A diferencia de Raskolnikov, el cual a causa de su soberbia, no logra su intelecto alcanzar tal excelentísima verdad.

Recordemos lo dicho por Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de San Lucas 10, 21:

Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños […]».

Ejemplos de la sabiduría de Sonia, podemos encontrar en la siguiente cita:

—¡Calle, calle! —exclamó Sonia fuera de sí—. Usted se ha apartado de Dios, y Dios le ha castigado, lo ha entregado al demonio.

—Así, Sonia, ¿tú crees que cuando todas estas ideas acudían a mí en la oscuridad de mi habitación era que el diablo me tentaba?

—¡Calle, ateo! No se burle… ¡Señor, Señor! No comprende nada…

Ciertamente, Raskolnikov no comprendía nada. No considera a la vieja usurera como una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios:

—Al fin y al cabo, Sonia, yo no he dado muerte más que a un vil y malvado gusano.

—Ese gusano era una criatura humana.

En esto consiste la sabiduría de Sonia, no en ciencia de Dios en un grado máximo, sino en estas verdades que Rodia parecía haber olvidado, o ignorado.

Con esto damos por cumplida la promesa que habíamos hecho en el primer episodio de este podcast, y habiendo contestado a la pregunta, ahora queremos recordar algo que también fue dicho en el episodio anterior, que Nietzsche probablemente diría que la Verdad es «Dios sin rostro».

Traemos esto a colación para mostrar que tanto Santo Tomás como Dostoievsky y Nietzsche, entendían perfectísimamente la relación entre Verdad y Dios: ambos se identifican.

Dostoievsky creía tan firmemente en la verdad de Dios que ni por un momento pensó en ésta como un sueño; el personaje de esta historia fruto de su imaginación, sin embargo, soñó con la Verdad.

Por esto decimos que el otro modo en que Dostoievsky alude al remedio de la enfermedad, es el sueño que tiene Raskolnikov mientras cumple su sentencia hacia el final de la obra.

En dicho sueño, la intención del autor es mostrarnos las consecuencias de ignorar o rechazar la Verdad. Describe así, la crisis por la cual estaba pasando Occidente hacia fines del siglo XIX, crisis en la cual aún nos encontramos.

Sueño: Verdad

Él permaneció en el hospital todo el final de la Cuaresma y la semana de Pasión. Ya restablecido, recordó sus sueños, cuando aún tenía calentura y delirio. Soñó, en su enfermedad, que el mundo todo estaba condenado a ser víctima de una terrible, inaudita y nunca vista plaga que, procedente de las profundidades de Asia, caería sobre Europa. Todos tendrían que perecer, excepto unos cuantos, muy pocos, escogidos. Había surgido una nueva triquina, ser microscópico que se introducía en el cuerpo de las personas. Pero esos parásitos eran espíritus dotados de inteligencia y voluntad. Las personas que los cogían se volvían inmediatamente locas. Pero nunca, nunca se consideraron los hombres tan inteligentes e inquebrantables en la verdad como se consideraban estos atacados. Jamás se consideraron más infalibles en sus dogmas, en sus conclusiones científicas, en sus convicciones y creencias morales. Aldeas enteras, ciudades y pueblos enteros se contagiaron y enloquecieron. Todos estaban alarmados, y no se entendían los unos a los otros; todos pensaban que solo en ellos se cifraba la verdad, y sufrían al ver a los otros y se aporreaban los pechos, lloraban y dejaban caer los brazos. No sabían a quién ni cómo juzgar; no podían ponerse de acuerdo sobre lo que fuere bueno y lo que fuese malo. No sabían a quién inculpar ni a quién justificar. Los hombres se agredían mutuamente, movidos de un odio insensato. Se armaban unos contra otros en ejércitos enteros; pero los ejércitos, ya en marcha, empezaban de pronto a destrozarse ellos mismos, rompían filas, se lanzaban unos guerreros contra otros, se mordían y se comían entre sí. En las ciudades, todo el día se lo pasaban tocando a rebato; los llamaban a todos; pero quién ni para qué los llamasen, ninguno lo sabía y todos andaban asustados. Abandonaron los más vulgares oficios, porque cada cual preconizaba su idea, sus métodos, y no podían llegar a una inteligencia; quedó abandonada también la agricultura. En algunos sitios los hombres se reunían en pandillas, convenían algún acuerdo y juraban no desavenirse… Pero inmediatamente empezaban a hacer otra cosa totalmente distinta de lo que acababan de acordar, se ponían a culparse mutuamente, reñían y se degollaban. Sobrevinieron incendios, sobrevino el hambre. Todo y todos se perdieron. La peste aquella iba en aumento, y cada vez avanzaba más. Salvarse en el mundo entero consiguiéronlo únicamente algunos hombres, que eran puros y elegidos, destinados a dar principio a un nuevo linaje humano y a una nueva vida, a renovar y purificar la tierra, pero nadie ni en ninguna parte veía a aquellos seres, nadie oía su palabra y su voz.

Aquí el autor nos muestra las consecuencias de haber rechazado la Verdad. Y esto lo hace señalando, primero que las personas infectadas por esos virus o parásitos: «se volvían inmediatamente locas»; segundo que «no sabían a quién ni cómo juzgar»; y tercero «no podían ponerse de acuerdo sobre lo que fuere bueno y lo que fuese malo».

Con respecto a lo primero, podemos decir que esa locura consiste en lo anteriormente dicho. Acerca de lo segundo, hallamos su causa en lo tercero. Y sobre éste último, no podían ponerse de acuerdo porque no había una regla o medida sobre «lo que fuere bueno y lo que fuese malo» a la cual someterse, y por consiguiente, «no sabían a quién ni cómo juzgar».

De ahí la conclusión a la cual arriba Raskolnikov:

Es la ley humana. La ley, Sonia, y nada más. Y ahora sé que quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres; que el más osado es el que más razón tiene a los ojos ajenos; que quien desafía a los hombres y los desprecia conquista su respeto y llega a ser su legislador. Esto es lo que siempre se ha visto y lo que siempre se verá. Hay que estar ciego para no advertirlo.

«[…] Y llega a ser su legislador». Ésto es lo que busca Raskolnikov. Ya que no hay ley, ni regla, ni medida, tan solo «quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres». Pero la teoría de Raskolnikov contiene un gran error.

Nosotros sostenemos que lo aludido por el autor aquí, es que el hombre moderno ha olvidado a Dios. Y este olvido, ha sido un ambiente más que propicio para la proliferación de esos virus: las ideas modernas, que terminan enloqueciéndolo y acabando con él.

Recordemos eso que dijimos sobre el principio de la soberbia del hombre: la apostasía de Dios.

Tanto el utilitarismo, como el nihilismo, al igual que las otras ideas modernas mencionadas por el autor en la obra, tienen algo en común. Y ese algo en común es que estas filosofías parten del supuesto que Dios no existe.

Pero, ¿Dios existe? En nuestra opinión, toda la historia de Raskolnikov gira en torno a esta cuestión, y la novela no solo nos muestra qué sucede con un hombre que pone en práctica dichas ideas, sino algo aún más importante: la novela consiste en la demostración de la existencia de Dios.

Si es que podemos demostrar la existencia de Dios, al menos, filosóficamente hablando, hemos demostrado el error y por lo tanto, la falsedad de las ideas modernas.

En la Summa Contra Gentiles, III, cáp. 71, «Que la providencia divina no excluye totalmente de las cosas el mal», Santo Tomás dice:

Demostración

Además: Las otras cosas, y principalmente las inferiores, se ordenan al bien del hombre como a su fin. Mas si no hubiese males ningunos en las cosas, se disminuiría mucho del bien del hombre, así en cuanto al conocimiento como en cuanto al deseo y amor del bien; pues el bien, por la comparación con el mal, es mejor conocido y, cuando se perpetran algunos males, más ardientemente deseamos los bienes; como los enfermos conocen más que nadie cuán grande bien es la salud, y también se enardecen en el deseo de ella más que los sanos. No es propio, pues, de la divina providencia el excluir totalmente de las cosas los males.

Y por esto se excluye el error de algunos que, porque veían que sobrevenían males en el mundo, decían que no había Dios; como Boecio trae a cierto filósofo que pregunta: Si hay Dios, ¿por qué los males? Habría que argumentar al contrario: Si existe el mal, hay Dios. Pues no sería mal si se quitase el orden del bien, cuya privación es el mal; y este orden no existiría si no existiese Dios.

El silogismo es muy sencillo: Si existe el mal, el bien existe. Y si existe el bien, Dios existe. Luego, si existe el mal, hay Dios.

Pero todo el problema yacía en la retorcida mente de Raskolnikov en la cual el asesinato y el robo no constituían un mal.

Sobre ésta cita queremos destacar dos cosas en relación al bien: la primera, conocemos mejor el bien, comparándolo con el mal; y la segunda, la existencia del orden del bien depende de la existencia de Dios.

En relación a la primera, la obra nos muestra la existencia del bien, comparándolo con el mal, y concluyendo así, que si el mal existe, hay Dios.

Y continúa diciendo: «cuando se perpetran algunos males, más ardientemente deseamos los bienes». ¿Cuál era el bien que más deseaba Raskolnikov?

Ante todo, quiero vivir. Si no sintiese este deseo, sería preferible no tener vida.

Y más abajo dice:

Tengo un tiempo determinado de vida y quiero también…

Por el contexto, entendemos que lo que quiere Raskolnikov es la felicidad:

Sin embargo, sólo se vive una vez, y yo no quiero esperar esa felicidad universal.

Dice a propósito de esa felicidad que buscaban construir los socialistas. Y por lo tanto, entendemos que buscaba su propia felicidad, no la universal.

Al final de la obra, Rodia desea más ardientemente vivir y ser feliz, y no morir debido al mal que ha perpetrado. Y habiendo reconocido el mal que ha hecho, entiende que existe un bien.

En resumen, queremos decir que el remedio para la enfermedad espiritual diagnosticada por Dostoievsky para el hombre moderno, es Dios.

En la obra, el autor nos muestra un hombre infectado por las ideas modernas, que enferma, enloquece y comete un asesinato. Y es el remordimiento de conciencia el signo de que aún no está plenamente poseído por dichas ideas.

En el momento en que reconoce que cometió un asesinato, al mismo tiempo reconoce la existencia del bien. De otro modo, hubiera sido imposible reconocer el asesinato como mal.

Y en este sencillo paso, nada sencillo para Raskolnikov por cierto, demuestra Dostoievsky la existencia de Dios.

Un último punto antes de terminar con el episodio. Nosotros opinamos que el personaje de Sonia es instrumental en la salvación de Rodia.

Dostoievsky describe a Sonia de la siguiente manera en boca de Raskolnikov:

«Pero ¿y si fuere cierto —murmuró para sí—; si incluso esta criatura, que todavía conserva su pureza de alma, se lanzase conscientemente a esa terrible hedionda cloaca? ¿Y si ya hubiere empezado esa caída, si únicamente hubiera ella podido aguantar, hasta ahora, esta vida, porque el vicio no le pareciese tan repugnante? ¡No, no; eso no puede ser! —exclamaba él como poco antes Sonia—. No; del canal le ha apartado hasta ahora la idea del pecado y también por ellos… Si hasta ahora no perdió tampoco la razón… Pero ¿quién ha dicho que no haya perdido ya la razón? […] ¿Qué milagro es el que aguarda? Seguramente alguno. ¿Y no son todos estos otros tantos indicios de locura?».

En otro lugar, dice también:

Sin embargo, vio claramente que Sonia, por su educación y su carácter, no podía permanecer indefinidamente en semejante situación. También se preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo sin volverse loca. […] Pero ¿no era esto una razón más, unida a su educación y a su pasado, para que su primer paso en aquel horrible camino la hubiera llevado a la muerte? ¿Qué era lo que la sostenía? No el vicio, pues toda aquella ignominia sólo había manchado su cuerpo: ni la menor sombra de ella había llegado a su corazón. Esto se veía perfectamente; se leía en su rostro.

Nosotros creemos que la razón por la que Dostoievsky describe a Sonia de esta manera y señala la pureza de su alma es para mostrarnos que tan solo un alma pura puede amar de verdad.

Además, es cierto que «que los hombres no cambian, ni hay quien pueda cambiarlos», y es por esto justamente que el autor señala la pureza del alma de Sonia. Si bien, ella ama a Raskolnikov, no es su amor el que pudo cambiarlo.

Ella tan solo actúa como «causa instrumental» de un amor cuyo poder no solo puede redimir al hombre, sino también resucitar a los muertos: el amor de Cristo.

Sonia actúa como un espejo en el cual es reflejado el amor de Cristo por el hombre, y ésto es lo que realmente opera en el alma de Raskolnikov, y logra resucitar su espíritu.

Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer, ya que la salvación de su alma es alcanzada tan solo por medio del sufrimiento, un sufrimiento aceptado voluntariamente y que toma la forma de sacrificio.

Es digno de notar que la resurrección de Lázaro es un tema recurrente en la obra y que Rodia tiene ese sueño sobre la Verdad durante la Cuaresma y más específicamente en Semana Santa.

Además, el día en el que acepta que ha cometido un crimen, que ha transgredido la ley es durante la segunda semana de Pascua.

El alma de Rodia experimenta una resurrección en el momento en que es vencida por el amor de Cristo, reconoce el mal que ha cometido y se arrepiente. El soberbio Raskolnikov, finalmente se somete a la regla o medida divina; por fin se humilla y pide perdón.

Lo que queremos dejar en claro es que el autor no está hablando metafóricamente, sino que la obra es un esfuerzo real por mostrarnos el error y las consecuencias del error del hombre moderno, y la verdad –que Dios existe–, y el único que puede curar al hombre es Cristo.

Por esto es que menciona la resurrección de Lázaro, la Cuaresma y la Pascua. En el sentido usado por el autor, Rodia, ciertamente no resucita de entre los muertos (para eso debería haber muerto).

Dostoievsky habla de una resurrección del espíritu, sin embargo alude a que dicha resurrección es alcanzada en virtud del poder de Cristo y no es una cuestión meramente psicológica o humana. Es enteramente sobrenatural.

En aquellos rostros ajados brillaba el alba de una nueva vida, la aurora de una resurrección. El amor los resucitaba.

Aquí, tan solo queremos señalar que el autor decide aludir al amor de Cristo cuando dice el amor, y por eso no dice su amor. Significando, así, que no es el amor de ambos el que les da nueva vida, sino el amor de Cristo el que los resucita.

La relación entre Sonia y Raskolnikov es la solución al problema del hombre moderno. El autor hace alusión a la solución o remedio, mostrándonos que el amor de Raskolnikov a Sonia puede y debe interpretarse también como el amor del hombre a la Verdad.

Por eso decíamos anteriormente que la ignorancia es la raíz del problema, y no la soberbia. El hombre moderno no ama a la verdad porque, sencillamente, la ignora. Y uno no puede amar, lo que no conoce.

El remedio, entonces, es conocer la verdad y sobre todo, amarla. Nuestra misión es esa: c omunicar la Verdad, en la medida de lo posible y considerando el límite de nuestras propias fuerzas, en esta última cruzada.

Aquí, no solo encontramos la solución al problema, sino también mostramos en qué consiste la filosofía, en vez de dar una definición de ésta (aunque también hemos cumplido con ésto).

Y así hemos llegado al final de este episodio. Quiero agradecer nuevamente, a todos aquellos oyentes que se han tomado el tiempo de escuchar hasta el final este episodio.

Por cierto, queremos saber que es lo que más les ha interesado, o que es lo que más impresión ha dejado en ustedes, la obra «Crimen y castigo». Pueden dejar sus comentarios más abajo. Hasta el próximo episodio donde hablaremos sobre Demonios, otra obra maestra de Dostoievsky.

Soy su anfitrión Syme y esto fue «La Última Cruzada».


  1. Aristóteles llama Filosofía Primera a la doctrina que reúne en los libros que ahora conocemos con el nombre de Metafísica. En esos libros trata del Primer Principio estudiando el ser en cuanto ser o el ser en general y sus primeras divisiones (los que ahora llaman los escolásticos Ontología o Metafísica General), y del Primer Principio del Movimiento o Primer Motor, es decir, de Dios. A esta Primera Filosofía la llama también teología (por tratar de Dios) y «sabiduría». […] ↩︎